
Antigua plaza amurallada, que conserva restos de torreones que daban escolta a las puertas de entrada al núcleo urbano y aún se aprecian las ruinas de su gran castillo medieval. Lascuarre fue cabecera de los cuatro castillos de la Baronía de Castro: Lascuarre, Laguarres, Luzás y Juseu. El escudo local lleva plasmados cuatro torres en referencia a los castillos citados y las barras de Aragón. Encontramos este escudo como cabecera del altar mayor en la iglesia parroquial que sin duda tuvo mucha importancia en los siglos XVI en adelante.
Cabe destacar que Lascuarre fue una zona fronteriza de vital importancia en los múltiples enfrentamientos entre cristianos del norte y los moros del sur. Una vez Lascuarre fue reconquistado por los cristianos se produjo un enfrentamiento tras el ataque moro la vigilia de Santa Cecilia del año 1122.
Lascuarre gozó de fueros concedidos en el año 1158 por el conde Ramón Berenger IV (1137-1162) y Jaime II (1291-1327) incorporó la villa a la Baronía de Castro. Esta circunstancia hizo que quedará fuera de la administración del Condado de la Ribagorza, al igual que Laguarres. Posteriormente, pasó a manos del Duque de Medinaceli. Históricamente, la feria de San Martín tenía gran tradición y prestigio siendo incluso protegida por los reyes. Se sabe que en el año 1400 la patrona del templo era la Asunción de la Virgen, aunque durante el medievo estaba dedicada sin más a la Asunción.
La población tenía en San Martín a su patrón. Además de la ermita de San Martín, este templo contaba con cinco racioneros o beneficiados. En 1540 el templo contaba con varios altares: Asunción, santos Bartolomé, Margarita, Pedro y El Salvador. El cementerio se hallaba alrededor del templo (“in circuito ecclesie”) y el campanario poseía cuatro campanas. Los inventarios, ornamentos y libros son extensos lo que denota la riqueza pasada del templo.
En 1580 fue fundado el convento de frailes trinitarios en la actual ermita de la Piedad, situado en las afueras de la villa, que contaba con unos seis frailes. En 1630 poseía cuatro racioneros o sacerdotes, además de los beneficios del Corpus, Santa María, Santa Margarita: altares dedicados a San Miguel, Santa Margarita (éstos dos con ricos retablos), San Pedro, Rosario, Salvador, Nombre de Jesús y Santa Cruz (con floreciente cofradía). Durante estos años contaba con siete sacerdotes y la villa sumaba 750 habitantes. En el año 1668 “fue enladrillado el templo y se entapizaba todo él para las fiestas”. La rectoría se evaluaba durante 1700 en más de 800 libras jaquesas y, el templo albergaba un capítulo de nueve clérigos, con beneficios de los santos Antonio, Ramón, Salvador, Patrocinio y priorato de la Santa Cruz.
A finales del siglo XIX (año 1890) el templo contaba con diez altares y tres sacerdotes. La villa sumaba 960 habitantes. Estamos ante un edificio sagrado del siglo SXVI, que puede colocarse como uno de los mejores de la zona oriental oscense.
La parroquia perdió con la Desamortización (1835) sus principales bienes consistentes en: una casa en la plaza de la iglesia, una casa en la calle La Iglesia, un olivar en bancal, un jardín en la casa Abadía, un olivar en Campamerós,
un campo en la Renguera; además de 64 censales muy valiosos.
La pequeña iglesia románica de San Martín se sitúa anexa al cementerio de Lascuarre conocido también como San Martín. Destaca el ábside de la ermita de forma circular y su tejado de piedra plana caliza, típico de la población. En Lascuarre existe también una antigua torre de vigilancia sobre el paso norte a través del Valle de Isábena, la Torre de los Moros. Se cree que es del siglo XI, aunque hay opiniones que dicen que data del siglo XVII y fue usada por los musulmanes para la vigilancia de esta zona del prepirineo. Al estar situada en una zona elevada goza de grandes vistas que llegan a Graus y hasta la Sierra de Guara.
La Ermita de Santa Cruz, de la que sólo se conservan algunas piedras, está situada cerca del pueblo al lado del antiguo camino a Graus.
El Castillo de la Mellera (Amellera) está situado en la sierra del mismo nombre, prolongación de la sierra del Castillo de Llaguarres. Está situado en el extremo sur del término municipal, limitando con Benabarre, Tolva y Luzás. Se trata de un castillo defensivo y de vigilancia del período medieval del que sólo queda un muro. Desde este lugar podemos disfrutar de panorámicas para el recuerdo.
También cabe destacar la masía de Salanova, situada cerca de la carretera a unos 3 Km. de la población. De la ermita de San Macario Viejo (que se encuentra en su interior) se extrajeron piedras para hacer la actual ermita de San Macario. Ésta es de estilo románico con ábside semicircular. La masía de Salanova contaba en 1495 con siete fuegos u hogares.
Cerca de la pista que va a Luzás se encuentra la ermita de San Vicente, una pequeña edificación de una sola planta de la que se conserva solamente el ábside y un muro del templo. Da nombre al monte en que se halla situada y ha sido utilizada para uso agrícola.
La ermita de Santa Lucía se encuentra en el interior de la masía de Las Sagarras Altas, es de estilo románico, austero y de formas clásicas. Fue objeto de una fuerte restauración y actualmente se encuentra en buen estado. El nombre de Lascuarre (Lascuarri), según algunos estudiosos, tiene su origen en el vasco last gorri, es decir, “arroyo rojo”. Podría ser explicable por la presencia de vascones en el prepirineo antes incluso del nacimiento de Jesucristo. No sabemos con certeza si nombraron así el pueblo antes de la llegada de los musulmanes o en la reconquista. Aunque está más o menos claro que los moros crearon el asentamiento primitivo que dio origen al actual núcleo urbano y que los vascones pudieron otorgar este nombre a la villa gracias al color rojizo de algunas tierras arcillosas y al color en que se tornaban las aguas de los barrancos tras las lluvias.
Otro origen probable para la mayoría de filólogos es que se esté ante el vocablo arats (bello, brillante, puro), de manera que la significación primitiva del nombre pudo haber sido la de “lugar de color rojo fuerte”.
No obstante, otras fuentes afirman la existencia de pequeños asentamientos de población en la zona mucho más antiguos que compartían un lenguaje de origen ibero vasco. Estos antiguos pobladores de la Ribagorza, hace más de 5000 años a. C. solían nombrar a sus asentamientos teniendo en cuenta particularidades descriptivas del mismo como la tierra, ríos, topografía, clima, etc.
Así pues, Lascuarre, tal y como afirma Bienvenido Mascaray, es una composición formada por un nombre más un adjetivo. El elemento sustantivo es ara, “tierra, campo. Se halla esta composición en Aralar, Araba, Arana, Aramendi, etc.”. Una vez más la /r/ intervocálica se transmuta en /l/. El adjetivo askor, ligera, suelta (aplicado a la tierra). Del tal forma, ara-askor = ala-askor = alaskorr, “la tierra suelta o ligera”. Nuestro dialecto hace decaer la a inicial silábica, diptonga la o en ue y produce la apertura de éste a ua, probablemente por asimilación vocálica con la primera a: Laskuarre.
La localidad de Lascuarre se extiende a los pies del templo parroquial dedicado a la Asunción, construido en el siglo XVI y levantado encima de un castillo del que sólo se conserva los restos. Lascuarre fue, con Laguarres, Luzás y Juseu, frontera a mediados del siglo XI entre las tierras cristianas del norte, penosamente conquistadas a los moros, y las tierras bajas, aún irredentas por aquellas fechas.
La conquista del castillo de Lascuarre fue una de las más ansiadas por Sancho III de Navarra, el Mayor, incluso, el año 1022 hizo promesas a varios santos, con donaciones, si lograba su conquista.
Francisco Castillón, en el documento “Raíces Cristianas” publicado en el Diario del Alto Aragón el día 29 de Junio de 2008, afirma que la reconquista del Cinca-Litera dio comienzo desde Lascuarre.
El rey Ramiro I tomó la Ribagorza a la muerte de su hermano el conde Gonzalo que fue asesinado en Lascuarre en 1044 por Ramonet de Gascuña (Puente de Monclús).
No consta el año de su primera reconquista pero en Noviembre de 1062 ocupaba su tenencia y castillo, a la vez que los castillos de Laguarres y Viacamp, Gilfred Salla. La permeabilidad de la frontera permitió, un siglo más tarde, una de las incursiones más importantes de los moros allá por Santa Cecilia de 1122 que llegó hasta Lascuarre donde causaron una gran carnicería (1126). En 1158, Berenguer IV concedió a los vecinos de Lascuarre las mismas franquicias y libertades que gozaban los de Jaca. El castillo de Lascuarre y, con él, el pueblo pasó sucesivamente a diferentes manos. En 1192, junto con sus vecinos de Laguarres, Luzás y Juseu, a la Baronía de Castro, originaria de Estadilla (siglo XIII). En 1200 los poseía Geraldo de Cabrera; 73 años después, Jaime I de Aragón lo entregó a otro Geraldo del mismo apellido; en 1321, Jaime II lo cedió a Felipe de Salces, pasando después a los Condes de la Ribagorza, que tenían su capital en Benabarre. Más tarde al Duque de Medinaceli y el último propietario del que se tiene noticia fue el barón de la Laguna (1610).
En el año 1580 se construye el convento de los Trinitarios Descalzos. El año 1820 Lascuarre tenía un maestro de primeras letras dotado de 30 libras, con obligación de enseñar a los niños a leer, contar, escribir y Doctrina Cristiana. Hasta la exclaustración (1835), los trinitarios tenían abierta una escuela para los niños de Lascuarre y comarca. Los últimos miembros de la comunidad eran 3 padres, un lego y un donado.
Como anécdota en el año 1587, 50 hombres de Lascuarre fueron a luchar contra el conde de Ribagorza, fueron vencidos y desarmados y se les permitió volver a su pueblo sin represalias.
Se emitió una serie de estos billetes por el Consejo Local durante la Guerra Civil.
PASADO MUSULMAN
Antes de la importante conquista del Castillo de Lascuarre por parte de los cristianos, los moros establecieron con probabilidad la estructura del casco urbano amurallado y un recinto militar cerrado a modo de patio de armas en la actual Placeta de Lascuarre. Así pues, los musulmanes llamaban Al – Askar a su asentamiento en la villa actual
Dada su posición fronteriza y los múltiples enfrentamientos vividos en la localidad en los inicios del siglo XI, los moros establecieron nuevos medios defensivos más al exterior empleados a modo de vigilancia de agresores al valle o como refugio.
Las torres de vigilancia más útiles fueron la Torre de los Moros situada para el control del valle del Isábena, el Castillo de la Mellera para el control de las posibles entradas por la zona sur desde Benabarre. También los mayores del lugar afirmar que la casa conocida como Torreta, situada encima del Cubert de Gubernadó en la Placeta, pudo ser la torre de control del primer asentamiento, donde vivía el dirigente de la defensa. Desde su atalaya controlaba al enemigo y se podía comunicar a través de hogueras.
En el subterráneo de Lascuarre existen otras estructuras a modo de refugio
de este pasado moro en claro paralelismo con la ciudad de Fraga. Así, tal y como narra Al Qazwini, Fraga guarda bastantes similitudes con los alrededores de Lascuarre. Este autor dijo lo siguiente: En los alrededores de Fraga se hallan numerosos agujeros subterráneos (sarradit) que sirven a los habitantes para protegerse en caso que el enemigo los atacase. Cada refugio consiste en un pozo con estrecho orificio que se ensancha en el interior. En el fondo hay numerosas galerías separadas las unas de las otras como una madriguera. Desde la superficie se puede acceder directamente a las galerías, pero el agresor no osará a entrar. Si el agresor intenta sacar fuera a las gentes hacen ellos fuego introduciéndolo a través de los orificios de los pozos. Los refugiados penetran en el interior de las galerías y se cierran las puertas hasta que el humo entra en el interior de las galerías y cerrando las puertas hasta que el humo desaparece. En previsión de que el enemigo intentase llenar los pozos de la entrada, el subterráneo tenía otra vía de comunicación con el exterior a través de la cual los refugiados podían salir. A estas galerías subterráneas les llaman al – fugug. Muchos de los habitantes de Lascuarre todavía han visto algunos de estos agujeros llamados sarradits en la zona del Prat. También son conocidas las entradas al menos a tres túneles o galerías subterráneas, vestigios de los primeros tiempos de historia de la localidad.
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